Polvo somos y en polvo nos convertiremos sería suficiente
para resumir esta película. A causa de las últimas noticias a menudo nos
preguntamos si realmente les importamos a nuestros dirigentes políticos. Rodrigo
Cortés nos da una respuesta rotunda: No les importamos, tan solo somos
daños colaterales en sus rencillas diplomáticas. Lo único que cuenta es el
beneficio propio, evitar un posible conflicto sin importar cuanta gente
inocente pague justa por pecadora. Otro mérito de este director es conseguir
una total empatía por el protagonista. El tiempo se nos pasa volando en los 93
minutos de metraje mientras sufrimos y esperamos para saber cuál será el destino de Paul Conroy.
